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viernes, 23 de mayo de 2008

Despertar Violento

La siguiente historia no está ligada a la cual se había estado posteando hasta ahora en este blog. Es una narración distinta y más fantástica, pero que de igual manera surgió del Mundo Diez.

Era de noche ya y la lluvia caía torrencialmente, pero ya estaba muy cansada como para seguir corriendo y buscar refugio, cosa que tampoco le preocupaba de momento, debido a que las imágenes de lo que había sucedido hace cuatro horas aún la atormentaban. Cada escena la golpeaba como un rayo y hacía que se estremeciera, ya que aún no podía entenderlo, no podía encontrar la razón de por qué eso le estaba pasando a ella.

Ya no podía más, y luego de haber corrido durante horas sin destino, solo podía caminar, y lo hacía en zigzag con la mirada perdida en el horizonte, como quien pierde su alma y es el cuerpo el que por acto reflejo sigue hacia adelante. Este la había llevado a un descampado cerca de un cerro, donde, tras tropezar con una piedra, cayó al suelo y no se pudo levantar. Se quedó así un rato, como semimuerta, sin mover un dedo, hasta que se volteó y quedó de espalda mirando el cielo. Sus ojos, pestañando de tanto en tanto para evitar que las gotas de lluvia se le metieran, era lo único que se movía, hasta que el cansancio la absorbió y recordando una vez más todo lo que le había sucedido desde aquél día que debía haber sido feliz pero que no lo fue, se durmió profundamente, sin saber que aquello la perseguiría incluso en sus sueños.

Ahí estaba ella junto a sus compañeros de colegio. Era un día especial, ya que se graduarían y dejarían la vida escolar para buscar lograr cosas más importantes en la universidad, o por lo menos así lo pensó ella. Todos los alumnos sentados miraban como su profesor jefe se dirigía a ellos desde el estrado y les deseaba la mejor de las suertes en lo que estaba por venir. Ella tenía a su lado a quien consideraba el amor de vida. Habían pololeado, fielmente pensaba ella, desde que entraron a la educación media, pero no había sido así, ya que él la había engañado en cada oportunidad que se le había presentado, y ese día no iba a ser la excepción. Después de que la ceremonia había terminado y cuando solo quedaban ellos para su fiesta de celebración, ella fue a buscarlo, pero no lo encontró. Un amigo de ella que conocía la verdad, al verla como lo buscaba por todas partes, se le acerco y le contó todo. Ella no podía creer lo que le estaba diciendo, no podía creer que había sido engañada tanto tiempo y que nadie le había contado hasta ahora. Pero necesitaba verlo con sus propios ojos, por lo que su amigo la llevo hasta donde una nueva traición se estaba llevando a cabo.

Parecía como si hubiese visto un fantasma. Estaba quieta frente a la puerta viendo como su lealtad y fidelidad eran convertidas en ira y odio. Su amigo trataba de consolarla, pero sus palabras se desvanecían antes de llegar a los oídos de Andrea. Era como si todos sus sentidos simplemente dejaron de funcionar y lo único que podía percibir era su corazón haciéndose trizas. El dolor era tan grande que trataba de sujetarse el pecho con ambos brazos y así evitar que los pedacitos en que se había convertido el corazón se le escaparan. No dijo nada, solo los miraba tratando de encontrar una explicación, pero por más que buscaba en su cabeza, solo hallaba enojo e ira.

Su amigo no sabía que decir, por más que trataba de consolar a Andrea con palabras no lo conseguía, por lo que decidió tomarla por el brazo y llevársela, pero no pudo. Cuando su mano la alcanzó, la retiró violentamente sintiendo como la carne se le quemaba viva como quién toca una tetera hirviendo, y al verla quedo perplejo al contemplarla envuelta en llamas y caminando a donde estaban los infieles. Cada paso que daba dejaba una huella de fuego en el suelo y todo lo que había a su alrededor comenzaba a incendiarse. No tardó mucho en llegar hasta donde estaba su ex amor, y con palabras entrecortadas le dijo -Así que esta es la verdad de la cual todos participaban menos yo... que tonta he sido, pero ya no lo seré más. Diciendo esto guardó silencio esperando una respuesta, pero no la hubo, ya que tanto él como la amante estaban perplejos viendo como del cuerpo de Andrea emanaban llamas que quemaban todo lo que estaba a su alrededor. Esto solo sirvió para aumentar su ira y que las llamabas brotaran con mayor fuerza, pero ella solo los miraba hasta que él le respondió asustado -Aléjate de nosotros monstruo. Pero ella no lo hizo y ardió con más fuerza.

Al ver lo que estaba pasando, Daniel se vendó la mano quemada con su corbata y comenzó a gritarle a Andrea para que se calmara, pero lo que él no sabía era que ella ya no podía escucharlo, debido a que la ira la había tomado prisionera y su único objetivo era acabar con quien le había causado tanto daño. Al comprender que sus palabras eran inútiles, entró en la sala esquivando los pupitres, que ardían ferozmente, y los pedazos de madera que se iban desprendiendo del techo, y trató de llegar a donde estaban Jorge y Lucía, pero no lo logró ya que Andrea súbitamente explotó. De su cuerpo emanó una onda de calor que los empujó violentamente varios metros, dejando a los infieles en medio de llamas que rápidamente devoraban sus cuerpos, y a Daniel, como si hubiese tratado de salvarlo, hacia el único lugar donde no había fuego. Y así acabó la última traición, ya que el fuego no tardó mucho en quitarles la vida.

Daniel reincorporándose y al presenciar que no podía hacer nada por Jorge y Lucía trató nuevamente de calmar a Andrea pidiéndole que por favor se detuviera, o que mucha gente saldría lastimada. Al escuchar las palabras de su amigo, ella volvió en si, pero las llamas no se detuvieron, al contrario, segundo que pasaba estas emanaban de su cuerpo con mayor intensidad. Al ver que no podía contenerse le pidió a su amigo que escapara y que tratara de llevarse a toda la gente que pudiera lo más lejos posible, ya que presentía que algo mucho peor estaba a punto de pasar.

Y así fue, una vez que Daniel se alejó lo suficiente y llevándose consigo a todos los que pudo, diciéndoles que se había producido un incendio en una de las salas de clases, Andrea no pudo más y perdió el conocimiento y con ello las llamas que emanaban de su cuerpo se expandieron a todos los rincones del colegio, con una intensidad apocalíptica, consumiéndolo por completo en pocos minutos.

Al tiempo después de que todo quedase reducido a escombros, y gracias a la ayuda de los bomberos, el fuego desapareció, y la búsqueda de victimas comenzó. Hubo varias personas que no alcanzaron a huir de las llamas, entre ellas la mitad del curso de Andrea y varios apoderados que aún estaban en el lugar, en total cuarenta y cinco personas perdieron la vida esa noche.

El personal de búsqueda no tardó mucho en deducir donde se habían originado el fuego, y para su sorpresa ahí la encontraron. Desnuda. Intacta. Era un milagro, o por lo menos así lo pensaron. No hubo preguntas, simplemente la tomaron como una víctima más. Después de todo era solo una niña de dieciocho años.

Los doctores en el hospital, tras comprobar que no tenía herida alguna, le diagnosticaron un coma no conocido y que no sabían si iría a despertar, por lo que la enviaron a su casa junto a sus padres, pero lo que desconocían era que su cuerpo y mente se estaban acostumbrando a su poder y que pronto despertaría y habrían más víctimas, pero no por voluntad propia.

Pasaron varios días desde que Andrea fue llevada a su hogar, y ella seguía sin mostrar signos de mejora. Su amigo Daniel la visitaba todos los días, ya que de alguna manera se sentía responsable por lo que había pasado, aunque de eso a nadie había contado. El se sentaba al lado de la cama de ella y la miraba por un tiempo, luego cogía y leía un libro de ciencia ficción que había encontrado en su casa, que relataba, a modo de autobiografía, la historia de un joven estudiante que un día despertó sintiéndose extraño, diferente, como si algo en él hubiese cambiado. Todo lo que veía lo podía imitar a la perfección, no solo eso, sino que también poseía una memoria increíble, recordaba completamente todo aquello que leía, pero además lo entendía a la perfección. El libro contaba como al principio él no podía controlar esta nueva habilidad y que sufría de colapsos nerviosos debido a la cantidad de información que su cerebro iba absorbiendo, pero que con el paso del tiempo y entrenamiento fue logrando controlar lo que quería absorber y lo que no. La narración era extremadamente detallista, casi como si lo que contaba hubiese sido verdad, y esto era lo qué más llamaba la atención de Daniel.

Tras leer el libro un par de veces estando al lado de Andrea y recordando todo lo que había presenciado en el colegio, no podía evitar comparar ambas historias. Si bien una estaba completamente desarrollada y ni se asemejaba en violencia, compartían algunos elementos, y esto llenaba de dudas su cabeza. Así que con más preguntas que respuestas en su cabeza decidió ubicar al autor del libro y así, quizás, poder esclarecer todo lo que estaba sucediendo. Así fue que salió en búsqueda del autor, sin siquiera imaginar que a los pocos minutos de haberse ido Andrea había salido del coma.

No había mucha luz en el cuarto debido a que las cortinas estaban cerradas, y solo se escurría un rayo de sol por la juntura de ambas cortinas. Andrea abrió sus ojos lentamente. Le costaba enfocar, y la poca luz que había le molestaba. No era para menos, después de todo estuvo muchos días sin usarlos. Pasados unos minutos ya podía ver con normalidad. Estaba un poco desorientada, pero no tardó en percibir que estaba en su cuarto. Le habían puesto su pijama favorito y todo estaba tal cual ella lo había dejado antes de irse a su fiesta de graduación. Al levantarse fue directamente hasta el espejo que había en su cuarto. Pasó varios minutos mirándose, buscando algún indicio de quemaduras, pero no encontró nada, incluso su antigua cicatriz cerca del hombro había desaparecido. Sin darle mucha importancia fue al baño y se dio una ducha. Mientras lo hacía comenzó a recordar lo que había pasado aquella noche y se estremeció, las lagrimas comenzaron a correrle por las mejillas y se confundían con el agua que caía de la regadera. Se apuró en terminar y volvió a su cuarto. Nuevamente se colocó frente a el espejo, pero esta vez completamente desnuda.

Delante de ella estaba su imagen, alta, de un metro setenta, de cuerpo atlético y firme, pelo castaño, recogido como le gustaba a él, y ojos azules. Fue entonces cuando mirando sus ojos a través del espejo que pestañeó largamente, y al volver a mirar vio por un instante que un manto de fuego la cubría, pero al volver a pestañear éste había desaparecido. Se alejó del espejo como quien huye al creer que vio un fantasma. Buscó en el armario algo de ropa. Cogió un sostén y un calzón y se apuró en ponérselos. Luego sacó un jeans de color azul oscuro, una polera blanca ajustada y un canguro blanco. Su puso unas zapatillas deportivas y bajó al primer piso. Cuando se disponía a salir sintió que llegaba un auto. Era su Madrastra. Cerró la puerta y se sentó en la escalera que daba hacía la puerta para esperarla a que entrara. No pasó mucho tiempo antes que ella entrara por la puerta del frente y se encontrara frente a frente con Andrea. Hubo silencio al principio, no fue muy largo debido a que Angela le preguntó con tono serio -¿Hace cuanto que despertaste? -Como hace hora y media. Respondió mirando hacia el suelo y sin levantarse, y antes de que su madrastra se metiera en la cocina le preguntó -¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? -Alrededor de una semana. Diciendo esto cerró la puerta de la cocina tras ella, dejando a Andrea sola, y ella al ver que no conseguiría más respuesta se aprestaba a salir, cuando fue detenida por Angela -No salgas a ninguna parte que acabo de hablar con tu padre y viene para acá con un detective de la policía que quiere hacerte unas preguntas sobre lo que pasó en tu colegio.

Tardaron quince minutos en llegar a la casa. Andrea los esperaba en el living viendo televisión. La verdad es que no había visto nada, solamente la había prendido para no sentirse tan sola en la casa mientras esperaba. Entró primero a la casa Pedro, padre de Andrea, y al verla sentada en el living corrió a abrazarla, y entre sus brazos le preguntó si estaba bien, ella respondió que sí con un leve movimiento de cabeza. El detective mientras veía la escena cerró la puerta de la casa y esperó en la entrada. -Por favor pasé detective, siéntase como en su casa. Le dijo Pedro al verlo parado al lado de la puerta de salida. Cuando estuvieron los tres en el living el primero en hablar fue el padre de Andrea, quien le contó a su hija el por qué de la visita del detective. Éste solo quería tomar su declaración, debido a que era la única que faltaba para poder comenzar a investigar más a fondo. Al oír esto no pudo evitar que una sensación de pánico se apoderara de ella y que gotas de sudor comenzaran a correr por su cuerpo. No podía decir la verdad. No podía decir que ella había sido la culpable de la muerte de su ex novio y su compañera y de las otras personas que quedaron atrapadas en las llamas que consumieron su colegio. No sabía que decir. ¿Cómo explicaba que a ella no le había pasado nada? Estaba perdida.

El detective al notar que Andrea se había puesto nerviosa trató de tranquilizarla diciéndole que solo quería hacerle un par de preguntas sobre si sabía qué había ocasionado el fuego y por qué ella había sido encontrada cerca de donde determinaron que el fuego se había iniciado. Las preguntas más que tranquilizarla tuvieron el efecto inverso, y tartamudeando contestó la segunda pregunta hablándole sobre el quiebre de su relación amorosa y el engaño que había vivido durante tantos años y que había buscado a su ex novio para encararlo, pero cuando llego a donde su amigo lé había dicho que estaba, ya era demasiado tarde, ya que las llamas ya habían cobrado la vida de él como también de la niña que estaba a su lado, y que al ver esa escena se había asustado y al intentar huir se había tropezado y con la caída había perdido el conocimiento. Cada mentira que salía de la boca de Andrea era cuidadosamente anotada en una libretita por parte del detective, y ella veía como después no podría decir otra cosa, pero ya era demasiado tarde para decir la verdad. Debía salvarse como fuese.

Tras media hora de conversación, Andrea sentía que estaba perdida. No había forma que el detective creyese todo lo que le había dicho, y que solo bastaba que él comparase su declaración con la de su amigo Daniel para que quedase de manifiesto que uno de los dos mentía. En algo debía pensar, ya que no quería que su buen amigo se viese envuelto en algo que no le concernía y que el era totalmente inocente. Mientras Andrea pensaba en que hacer, su padre notó que ella se había vuelto un poco pálida y le pidió al detective que siguieran otro día, a lo que él consintió cerrando su libretita y respondiendo que ya era suficiente y que con lo que tenía ya podía comenzar a trabajar. Al ver esto Andrea se levantó de su asiento y pidió que la disculparan, quería salir a caminar y tomar un poco de aire para relajarse. En verdad lo único que quería era huir de su hogar.

Tomó su cartera de la mesa de entrada y rápidamente salió de la casa. Al principio no sabía donde ir, simplemente caminaba en cualquier dirección. Cada cierto tiempo miraba hacia a tras para revisar si la seguían. Esa sensación la tenía desde que se había alejado de su hogar. Cada vez que doblaba una esquina, esperaba unos segundos y se devolvía a mirar por donde había estado caminando. No había nada. -Estoy loca. Pensó mientras sacaba su celular de la cartera para llamar a Daniel. -Solo en él puedo confiar. Se dijo a si misma. Mientras esperaba que le contestara notó que dos personas extrañas cruzaban la calle en su dirección. Se apuró en cortar y guardó el celular en su cartera y se puso en marcha. Caminó un rato para ver si la seguían, y así era, por lo que se puso a andar a un paso más veloz, cruzando calles constantemente para ver si los podía perder, pero cada vez que se volteaba ahí estaban los dos. No sabía que hacer y en su desesperación se metió sin darse cuenta por una calle que no tenía salida. Buscó rápidamente un lugar donde esconderse, pero para su desgracia no había nada, ningún auto o basurero o alguna cosa que se interpusiera entre ella y sus perseguidores.

Cada segundo que pasaba hacía que se desesperara más y más y ellos cada vez estaban más cerca, por lo que sin pensarlo dos veces escaló el portón de una de las casas y se escondió detrás de uno de los matorrales que había en ella. Hizo un hueco entre las hojas para poder mirar hacía la calle con la esperanza de que los dos hombres no estuviesen ahí, pero para su desgracia ahí estaban. Miraban en todas direcciones buscándola. Sabían que no podía escapar y que debía estar escondida en alguna de las casas. Ella sabía que tarde o temprano descubrirían en cual se había metido y ya no le quedaría más alternativa que enfrentarlos.

Tras mirar un buen rato hacía varias de las casas, los dos hombres se dirigieron hacía el portón en la cual estaba escondida Andrea y uno de ellos le dijo -Sabemos que estás ahí, por qué no sales por las buenas y así nos ahorramos tener que molestar al dueño de esa casa que no tiene nada que ver con nuestro problema. Sabiendo que no tenía mayor sentido seguir detrás del arbusto, salió de su escondite y se puso delante del portón diciendo -¿Nuestro problema? Yo a ustedes no los conozco, ¿por qué me están siguiendo? Déjenme en paz. Los dos hombres comenzaron a reírse burlonamente hasta que uno de ellos le contestó -No nos conoces, pero nosotros sí a ti, y sabemos que eres la responsable por la muerte de todas las personas en el incendio del colegio, y vas a pagar por ello. -¿Por qué? si yo no hice nada malo. Respondió mirando hacía el suelo debido a que sabía que estaba mintiendo y que si era responsable de aquel trágico incidente. Los dos hombres no respondieron y dándole una patada al portón lo abrieron de cuajo y ya nada se interponía en ellos y Andrea.

Andrea al ver como habían abierto el portón se echó unos metros atrás como tratando de poner distancia entre ella y los hombres, pero antes de que pudiese hacer algo, ambos se abalanzaron sobre ella y uno de ellos la tomó por el brazo fuertemente y le dijo -Ahora eres nuestra y te vamos a hacer sufrir por lo que hiciste a mi hermano menor y a su hermana. Sosteniéndola fuertemente del brazo la obligó a caminar hacía el patio trasero de la casa, la cual para su ventaja estaba abandonada por lo que nadie los molestaría. El otro tipo los siguió tras haber cerrado el portón de la casa, y una vez en el patio de atrás se acerco a Andrea y entre forcejones le sacó el polerón y la polera, y su amigo la tiró al suelo y le quitó los pantalones dejándola en sostén y calzón solamente. Eres muy linda, aún no entiendo como él podía engañarte todo el tiempo, pero poco importa ahora porque él está muerto gracias a ti y tú pronto lo estarás después de que mi amigo y yo hayamos disfrutado de ti un rato. Escuchando esto Andrea rompió en lagrimas y supo al fin quién era uno de sus agresores. Se trataba de Miguel Ángel, hermanastro de su ex novio Jorge. -Mira Francisco como llora y eso que aún no le hemos hecho nada. Dijo Miguel Ángel desabrochándose el pantalón y tirándose arriba de Andrea. Ella trataba de luchar y liberarse, pero era inútil, ya que Francisco le estaba sosteniendo con fuerza los brazos mientras Miguel Ángel se aprestaba para violarla, pero antes de que él pudiese hacerlo el cuerpo de Andrea se prendió en llamas que ella no podía controlar, las cuales ardieron con tal intensidad que las manos de Francisco se quemaron a tal grado que la carne había desaparecido y solo quedaban los huesos, y éste cayó inconsciente por el dolor, pero el hermano de Jorge había alcanzado a moverse rodando hacía uno de los costados y de esa forma había evitado las llamas. Pero su suerte no duraría mucho debido a Andrea, cegada por la ira, se había puesto de pie y completamente envuelta en llamas caminó hacia donde estaba él y le dijo con una voz que no parecía la suya -Jorge y Lucia pagaron por lo que me hicieron tal como tu pagaras por lo que intentaste hacerme. Diciendo esto Andrea extendió su brazo apuntando hacía Miguel Ángel y de el salieron expulsadas unas llamaradas tan intensas que en pocos segundos le quitaron la vida y luego le consumieron el cuerpo dejando solo los huesos tirados en el suelo. Luego se volteó hacía donde estaba Francisco desmayado y le hizo lo mismo, para después caer inconsciente sobre el pasto.

Tendida sobre el jardín permaneció un buen rato. Dormía como quién lo hace después de haber trabajado por muchas horas. Comenzó a llover. No muy fuerte al principio, pero lo suficiente como para apagar las llamas que quedaban encendidas sobre el pasto. Después de un rato su puso a llover con mucha fuerza y fue cuando Andrea despertó violentamente, como quién lo hace después de haber soñado una pesadilla, y se puso de pie. El agua corría por su cuerpo desnudo mientras miraba los huesos incandescentes de los dos hombres que habían tratado de violarla. Para su suerte la ropa que le habían quitado no se había quemado y se apresuró en ponérsela. Una vez que se había vestido, tomó su cartera que estaba en el suelo y salió de la casa corriendo sin saber a donde iba, solo quería huir de todo lo que le estaba pasando.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Capítulo 1-7: El Golpe

A un costado de donde estaba parada María Jesús, tras dar su discurso, se abrió una compuerta ubicada en el suelo y emergió del fondo la maquina recién presentada. A simple vista se podía apreciar un sillón de color blanco –muy parecido al que usan los dentistas-, que en el lado derecho tenía una computadora y un monitor. En ambos costados tenía horizontalmente dos extremidades –de 35 centímetros aproximadamente-, una a la altura del apoya cabeza y la otra donde descansarían los pies. Ambos pares de extremidades, tanto izquierdo como derecho, se unían al final por un riel, en el cual se movían, de arriba abajo, dos aros que envolvían al paciente y que se juntaba en el centro.

Mientras los expertos de Más Vida, liderados por María Jesús, realizaban una demostración de cómo funcionaba la MS-3000, Alex no quitaba sus ojos de encima de un grupo de personas que se encontraban en una esquina del auditorio hablando en voz baja. Estaban todos vestidos con trajes de color negro y llevaban gafas oscuras. Entre todos ellos sólo uno resaltaba sobre los demás. Era un tipo alto, debía medir aproximadamente un metro con noventa centímetros, llevaba su cabello rubio de forma desordenada y, al igual que sus compañeros, estaba vestido con un traje negro, pero sin corbata, con la chaqueta sin abotonar y con la camisa fuera del pantalón. El joven periodista pudo percibir que el supuesto líder, ya que los otros estaban muy pendientes de cada uno de sus movimientos, tenía sus ojos fijos sobre María Jesús.


Mientras el joven periodista no le quitaba los ojos de encima al intrigante hombre rubio, Isvan se acercó a su amigo para ver qué es lo que lo distraía tanto.

-Me puedes decir qué estas haciendo mirando hacia atrás, cuando deberías estar haciendo preguntas sobre el lanzamiento. Recuerda que nos pagan por esto. –Dijo con tono serio Isvan.

-Si lo se –Respondió Alex. Lo que pasa es que eso tipos de la esquina me parecen muy sospechosos.

-¿Acaso ahora eres detective? –Le preguntó con torno burlón.

-Muy gracioso, pero apuesto que no te va a causar mucha gracia cuando te diga que el tipo rubio que está ahí, no le ha quitado los ojos de encima a tú chica y ha estado dando ordenes constantemente a dos de los cuatro tipos que tiene a su alrededor.

-¿Mi chica? –Le preguntó más bien serio.

-No te hagas el huevón. He visto como la miras.

-Pero que tiene de raro eso, ella es muy bonita. Apuesto que ese tipo piensa igual que yo.

-De verdad eres un huevón. Como sea, la cosa es presiento que algo va a pasar.

-Te estás poniendo paranoico. –Le respondió ya con tono fuerte.

Diciendo esto último Isvan tomó del brazo a su amigo y lo giró para que estuviera de frente al escenario y así poder seguir trabajando.

Mientras los distintos periodistas, Alex e Isvan entre ellos, y los invitados hacían todo tipo de preguntas se escuchó un estruendo en la sala y las luces se apagaron, dejando al auditorio totalmente en penumbra. A los pocos segundos se oye un grito. “Señores y Señoras por su seguridad les voy a pedir que permanezcan en sus asientos con su cabeza mirando al suelo y esperen a todo vuelva a la normalidad”. La frase no provino de ninguno de los presentadores, por lo que todo el mundo supuso que se trataría de los guardias de seguridad, pero a los pocos segundos se oyeron siete disparos de armas de fuego. Cinco afuera del auditorio y dos en éste y volvió a escucharse la voz anterior. “No me gusta tener que repetir lo que he dicho, por lo que me he visto forzado a matar a los guardias de seguridad que estaban a cargo de este piso del edificio para demostrar que hablo muy enserio”.

El nuevo comunicado sólo logró poner más nervioso al público, en especial a los guardaespaldas del presidente, que hasta el momento estaban avocados exclusivamente a proteger a la mandataria, al secretario general y a la ministra de ciencia y tecnología. Pero a partir de ese momento comenzaron a mostrarse más activos. Entre los cinco agentes habían configurado un pequeño perímetro. Cuatro recibían instrucciones permanentemente por parte de Alejandro Saavedra, quien era el jefe a cargo de la seguridad de la presidenta. Cada uno de ellos estaba armado con una pistola USP de calibre .40, mira laser y capacidad para 13 balas por cartucho, la cual tenían desenfundada y lista para disparar si sentían que la presidenta corría peligro.

Habían pasado poco más de cinco minutos desde que se apagó la luz y se oyeron los siete disparos. Alex e Isvan permanecían inmóviles, a simple vista, en sus asientos, como si la tensión del momento les hubiese petrificado sus músculos impidiéndoles realizar cualquier tipo de movimiento. Pero los ojos de Isvan si denotaban movimiento, escaneaban la habitación en busca de una sola persona, María Jesús.

Por más que miraba de un lado a otro no podía encontrarla. La poca visibilidad y temor de ser sorprendido por los terroristas no facilitaba nada la búsqueda. Alex permanecía al lado de Isvan si hacer ningún movimiento. Solo se movió cuando Isvan le tocó el hombre para preguntarle si podía ayudarlo a buscar a María Jesús, a lo que respondió muy nervioso que sí.

-Necesito encontrarla. Quiero saber que está bien. –Dijo Isvan con preocupante.

-Tranquilízate. Seguro que está bien, es una mujer inteligente. –Respondió Alex tratando de tranquilizar a su amigo.

-¡¡¡Estoy tranquilo!!! Solo ayúdame a encontrarla quieres.

-Ok, ok, ok. Lo más probable es que esté cerca del escenario, tratemos de acercarnos para ver mejor.

-Te sigo.

Diciendo eso, ambos periodistas comenzaron a avanzar a través de las filas de asientos, procurando hacer la menor cantidad de ruido posible. Para su suerte había tres mujeres que no paraban de llorar, lo cual servía para esconder el sonido que producían los asientos al ser pasados por encima.

El esfuerzo que debían hacer para poder avanzar fila tras fila era tal, que habían transcurrido 5 minutos y solamente habían logrado cruzar 4 filas. Aún quedaban siete más antes de poder llegar a estar frente al escenario cuando Alex se percata de uno de los terroristas llevaba, bruscamente del brazo, a María Jesús hacia la puerta del auditorio, pero la anfitriona del evento no le hacía las cosas fáciles y presentaba mucha resistencia.

-¡Isvan! Se la están llevando- dijo Alex a su amigo, que sin pensarlo se levantó y comenzó a saltar entre los asientos en dirección del terrorista. Mientras lo hacía, uno de los guardaespaldas de la presidenta se percató de la desesperada reacción y justo antes de que Isvan saltara encima del terrorista, abrió fuego en contra de los que estaban en la puerta esperando a María Jesús para llevársela. Tal acción permitió que el periodista interceptara al extremista desprevenido. El golpe fue tal que al caer al suelo el agresor quedó inconsciente de inmediato y Isvan y María Jesús en el suelo, sin posibilidad de moverse debido a la balacera que se había iniciado.

jueves, 19 de julio de 2007

Capítulo 1-6: Conferencia

Cuando el reloj del departamento de Prensa dio las 10:45 AM, todos los que estaban ahí dejaron de hacer lo que fuese que hacían hasta ese momento y comenzaron a prepararse para ir al salón de conferencia del edificio, lugar donde se haría la presentación de aquel día. Alex rápidamente cogió su grabadora y libreta de notas y fue donde Isvan, que se encontraba en su oficina preparándose.

-¿Estás listo? –dijo Alex.

-Casi, casi. No encuentro mi libreta ni mi grabadora.

-Por Dios, amigo mío, al parecer hoy vino a trabajar tu cuerpo pero no tu cabeza.

-No digas eso. Lo que pasa es que he estado pensando en otra cosa.

-Eso ya lo veo, pero tienes que concentrarte ahora. Tendremos mucho trabajo el día de hoy.

-Tienes razón.

Diciendo esto último, Isvan cambio su mirada perdida por una que denotaba pura concentración. Recordó donde tenía su grabadora y su libreta. Las tomó y siguiendo a Alex dejaron el departamento de Prensa en dirección de la sala de conferencia.

Los pasillos del edificio estaban más concurridos que nunca. La gente iba y venía de un lado para el otro. A algunos se les veía preocupados, otros no tanto. Los guardias de seguridad –que durante la mañana habían aumentado en número- estaban serios como siempre y revisaban a todas las personas que pasaban de un área del edificio a otra, y no hacían exclusiones, por lo que Alex e Isvan fueron revisados de la cabeza a los pies antes de dejarlos pasar.

La sala de conferencia se encontraba en el tercer piso del edificio principal, que en realidad ocupaba todo el lugar, ya que era un gran salón que podía recibir a más de trescientas personas, todas sentadas. Estaba equipada con cámaras de televisión, puestos tanto para intérpretes como para periodistas radiales.

A medida que Alex e Isvan se acercaban a la sala de conferencias la seguridad iba en aumento. Esto se debía a que ese día estarían presentes los personajes más importantes de la ciudad, del país y del mundo en lo que a ciencia se refiere. También asistiría el Presidente de la Nación, Don Alejandro Diez, y la Ministro de Ciencia y Tecnología, Ana María Rebolledo, y el Secretario General de Gobierno, Carlos Alessandri –compañero de colegio y amigo de Isvan-. A la salida del ascensor en el tercer piso había un control de seguridad, el cual revisaba a cada uno de las personas que querían ingresar al salón. Las personas debían poner todas sus pertenencias en un canasto, el cual pasaba por un scanner de rayos x. Una vez que se verificaba que todos los objetos estuviesen permitidos, la persona debía pasar un por un pequeño pasillo en el cual era revisado con rayos x para verificar que no se estuviese escondiendo ningún tipo de artefacto. Superando el control de seguridad la persona era conducida hasta el lugar que se le había asignado por una de las treinta recepcionistas.

El salón tenía tres columnas de asientos, separadas por dos pasillos. Las columnas laterales estaban compuestas por quince filas de cinco asientos cada una, mientras que la columna central de diez asientos cada una. Al frente de las columnas se alzaba un gran escenario completamente equipado, en lo que a tecnología se refiere. En esta oportunidad el escenario había sido convertido en un mini laboratorio.

Cuando el reloj dio las once en punto, el auditorio se encontraba a su máxima capacidad y a la espera de que se diera inicio a la conferencia. Alex e Isvan estaban ubicados en la columna del centro en la tercera fila de asientos, ya que las dos primeras habían sido reservadas para figuras públicas.

Mientras Alex revisaba minuciosamente el folleto que le fue entregado cuando ingresó al salón –contenía el programa-, Isvan no dejaba de mirar el reloj, ya que sabía que cuando aparecieran las personas a cargo del proyecto, entre ellas estaría María Jesús. Alex al percatarse de esto miró fijamente a Isvan hasta que este le prestó atención.

-El tiempo no ira más de prisa por mirar continuamente tu reloj. –Dijo sonriendo Alex.

-Lo se, lo se, pero aún así no puedo dejar de hacerlo. Quiero que esto empiece de una buena vez.

-¿Cuál sería la razón para eso?

-Es un secreto. –Le respondió sonriendo Isvan.

-Tú y tus secretos. Lo único que te pido es que cuando empiece el asunto te concentres. Recuerda que tenemos un trabajo que hacer.

-Lo se.

Eran las 11:07 AM cuando el personal a cargo del proyecto apareció en el escenario. En total eran nueve personas, entre las cuales estaban Ignacio Méndez, director del proyecto, y María Jesús Sarat, subdirectora del proyecto. Al frente del escenario había nueve sillas y un estrado. Una vez que todos tomaron sus asientos, Ignacio Méndez se acercó al estrado y una voz de mujer que salió de los parlantes pidió silencio en el auditorio.

-Muy buenos días a todos y gracias por venir. Les ruego a todos permanecer en sus asientos durante la presentación y cualquier pregunta que tengan sobre ella por favor hacerla una vez que esta haya concluido.

Diciendo esto último el señor Méndez cedió su lugar en el estrado a María Jesús Sarat, quien se encargaría de explicar en que consistía el proyecto, que hasta ese día era un misterio. Su discurso comenzó señalando la importancia de la vida humana y como a pesar de los avances de la tecnología no habíamos podido curar enfermedades tan peligrosas como el sida o las distintas variantes del cáncer. “Eso es cosa del pasado” señaló la joven científico mientras relataba las tantas investigaciones que debieron realizar para poder dar con lo que, según Más Vida, la vida de todas las personas cambiaria para siempre.

Mientras la ex profesora de tecnología de hardware relataba todos los beneficios que le aportaría a la humanidad este descubrimiento, la gente comenzaba a impacientarse esperando a que les revelasen la cura milagrosa de todos los males, tanto así que Alex e Isvan ya tenían sus libretas llenas de posibles preguntas para los expositores.

“Más vida siempre ha estado preocupada de la gente ya que sin ellas la vida no existiría, es por esto que debemos tratar de prolongarla lo más posible eliminando todas aquellas enfermedades mortales para el hombre”, indicó María Jesús ganándose los aplausos tanto del Presidente de la Nación como de todos los presentes en el auditorio. Los aplausos se prolongaron por más de un minuto, y cuando por fin pudo volver a hablar dijo con firmeza: “Señor presidente, ministros presentes, periodistas y todos aquellos presentes, es un honor presentar la maquina que cambiará al mundo y lo hará un lugar más sano donde vivir, la MS-3000” (MS= Más Vida abreviado).

lunes, 18 de junio de 2007

Capítulo 1-5: Planificación

Después de aquel tibio beso, para Isvan todo parecía más lento, como si el tiempo no transcurriese como debería, y el lobby de Más Vida parecía el de un día normal, como si toda la conmoción que traería el lanzamiento que habría ese día fuese producto de su imaginación. Sin darse cuenta y sólo tratando de recordar aquel gusto a fresas que le quedó en la boca tras el beso, llegó al departamento de prensa del edificio, lugar donde en unos minutos más se realizaría una reunión de personal y ver cómo se abordaría la presentación que se realizaría más tarde.

Una vez en su oficina, Isvan comenzó a caminar de un lado para otro mientras repetía una y mil veces en su cabeza el trayecto de aquella mañana, desde el departamento hasta Más Vida, junto a María Jesús. Cada vez que llegaba a la parte del beso y la despedida sentía una graciosa sensación de hormigueo en el estomago, como si hubiese vuelto a tener catorce años y fuese la primera vez que besaba a una mujer.

Los minutos pasaban e Isvan seguía perdido en su fantasía hasta que de repente sintió tres golpes en la puerta, por lo que rápidamente miró hacía ella y se encontró con que estaba abierta y bajo el marco a su buen amigo Alex, que junto a él habían entrado a trabajar casi al mismo tiempo.

-Algo importante debe haber pasado esta mañana, nunca te había visto así –dijo el buen amigo.
-Lo mejor en lo últimos cinco años.
-¿Y se puede saber que fue, o es información confidencial?
-Es algo sólo para mí, y quiero disfrutarlo solo por un rato.
-Como quieras, pero de seguro que me terminaras contando. Siempre lo haces –sonrió Alex.
-Es verdad, pero hasta entonces no me preguntes.
-Me parece justo.
-Cambiando de tema, ¿qué crees que pasará hoy? –preguntó con cara más seria Alex.
-La verdad no lo se. Lo único que se por fuentes cercanas a mí, es que será muy importante para el mundo.
-¿Qué tan importante?
-No lo se, no me quiso dar más detalles.
-Ya veo, y tu informante… ¿de donde lo sacaste?
-Sabes que no debes preguntarme eso, lo olvidas –replicó volviendo a recordar el calido beso.
-Ok ok ok.

Mientras los dos amigos seguían conversando, el resto de la gente del departamento había comenzado a ingresar a la sala de reuniones, debido a que sólo faltaban cinco minutos para el inicio de la reunión. Cuando únicamente faltaba que llegase el Director Principal, don Elías Cien Fuegos, Alex e Isvan decidieron unirse al resto de la gente y así poder intercambiar algunas palabras antes de que se les pusiera al corriente sobre los eventos que se realizarían aquel día.

Había mucha incertidumbre en aquella sala en que se realizaría la reunión, la mayoría no sabía nada de lo que sucedería aquel día, otros sólo sabían que algo grande iba a pasar. Cuando Elías Cien Fuegos entró al cuarto se produjo un silencio total y todos tomaron su lugar.

-Buenos días –dijo con tono serio el Director Principal.
-Voy a ser lo más directo posible para que no queden dudas sobre lo que voy a contar ahora, ya que nosotros como Departamento de Prensa seremos quienes divulgaremos de primera mano lo que sucederá hoy.
-Primero voy a elegir a quienes durante la conferencia de prensa estarán a cargo de las preguntas.
-Alex Fromer e Isvan Demech serán quienes harán las preguntas. El resto de ustedes los quiero preparados en caso de que suceda cualquier eventualidad.

Poco a poco el director le contaba a todos los periodistas y editores a qué hora y dónde sería el lanzamiento oficial de la última tecnología de Más Vida, y quienes serían los que estarían a cargo de revelarla al mundo.

La reunión duró aproximadamente media hora, por lo que ya era cerca de las nueve y media, y el lanzamiento no sería hasta las 11 AM, por lo que aún quedaba algo de tiempo para poder prepararse mentalmente y así dejar a un lado aquel recuerdo del beso que le rondaba en la cabeza. Por más que trataba no lo conseguía, aquella imagen al parecer lo acompañaría hasta la próxima vez que viese a María Jesús.