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miércoles, 2 de junio de 2010

Odio

Sabía lo que tenía que hacer. Lo venía planeando desde la primera vez. No podía dejar que siguiera saliéndose con la suya. Nunca más lo dejaría hacérmelo. Sabía lo que tenía que hacer, pero por alguna razón no podía hacerlo.

El cuarto estaba oscuro. Le gustaba así. Nadie podía vernos si todo estaba oscuro. El maldito no me dejaba salir. Decía que el exterior me corrompería y que solo él podía protegerme. Lo odio.

El volvía usualmente a las 7 a la casa. Mis hermanos pequeños estaban acostados para cuando el llegaba. Gracias a Dios aún eran muy chicos para que les hiciera lo mismo. No lo dejaría, primero debería matarme.

El día de hoy, él había avisado que llegaría más tarde. Tenía una cita me dijo.No importaba, me daba más tiempo para prepararme. Sabía lo que tenía que hacer, era hoy o nunca. De igual manera seguí con el plan. Les serví la comida a mis hermanos a la misma hora. No quería que se dieran cuenta de nada. Luego de cenar vimos televisión un rato, y luego hice que se acostaran.

Esperé a que se durmieran y fui al comedor. Tenía que repasar el plan una vez más. Era simple. El cuchillo ya estaba bajo mi almohada. Lo usaría cuando el no estuviese prestando atención a lo que yo haga, debido a que él estaría haciéndomelo. El plan era simple, ahora solo debía esperar.

Mientras esperaba en el comedor me repetía una y otra vez el plan. No quería que me surgieran dudas. Tenía que hacerlo. Las horas pasaban y el no llegaba. ¿Me había descubierto? me preguntaba una y otra vez. Imposible. Nunca hablé de esto en voz alta. No tenía como enterarse. ¿Por qué no llega? Lo odio.

Eran más de la 1:15 am y el aún no llegaba. De repente sonó el teléfono. Corrí a contestarlo. Era una mujer la que llamaba. Era la cita de él. No podía creer lo que me estaba diciendo. Ella cortó y yo seguía colgada al teléfono. No podía creerlo. Estaba muerto. Atropellado cuando cruzaban a buscar el auto, me dijo ella. Ya no estaba. No volvería a casa. Maldito. Me habían quitado mi venganza. Tenía que ser yo. Ahora nunca podré sacármelo de encima. Lo odio.

No había nada que hacer. Él no volvería a casa. Ahora nunca podría vengarme. Las pesadillas nunca se irían. No podía vivir así. No con él en mis sueños. Fui a mi cuarto y tomé el cuchillo que había puesto bajo la almohada y me lo clave en el corazón. Caí de inmediato al suelo pensando que tendría que haber sido su corazón. Lo odio.

miércoles, 4 de abril de 2007

Capítulo 1-1: El Comienzo

Era un día importante, o por lo menos así lo pensó Isvan Demech, que hace ya cinco años que se había mudado a la capital en busca de mejores oportunidades. Tras un par de meses un poco apretados, donde sólo pudo hacer algunas publicaciones como free lance, logró ser seleccionado como miembro del exclusivo grupo de periodistas que cubriría lo que se había catalogado por la prensa, como el proyecto que cambiaría el mundo para siempre, y no podían estar más en lo correcto.

La corporación "Más Vida", que se había convertido en su segundo hogar, estaba solo a diez minutos de su departamento si usaba el metro, y a cuarenta si se hacía el trayecto a pie, ya que por políticas de la empresa los empleados debían acudir lo más rápido posible en caso de que se les necesitase.

El camino a pesar de ser corto si se usaba el metro, no se hacía rápido si se realizaba a pie, ya que se debía cruzar un gran parque, el cual era muy concurrido desde temprano hasta altas horas de la noche. A lo anterior se sumaba el hecho de que la mayoría de los trabajadores de la empresa debían hacer el mismo camino, por lo que era habitual enredarse en más de alguna conversación.

El parque era una de las obras más importantes de la ciudad. Tenía una extensión de 150.525 metros cuadrados. En el centro del parque se encontraba una gran fuente, a la que convergían los cuatro principales caminos, que mirados desde el cielo formaban una gran cruz. Otros cuatro caminos, de menor tamaño conectaban las cuatro esquinas del parque, por lo que se podía acceder a él desde distintos sectores del centro de la ciudad.

Los jardines se dividían en cuatro secciones, cuyos bordes eran los caminos principales. Cada una de éstas alojaba a uno de los cuatro templos religiosos que se podían visitar y que habían sido construidos por distintos arquitectos, pertenecientes a distintas religiones. Debido a esta conjunción obtuvo el nombre de "Oasis Sagrado". Además contaba con dos lagos artificiales en los cuales se podía navegar, una serie de campos deportivos, en los que se podía practicar fútbol, rugby, tenis y hockey.

El lado noroeste alojaba a la iglesia dedicada al dios cristiano y a su hijo Jesucristo, mientras que en el noreste se podía apreciar el santuario budista. En el sur, el lado este estaba ocupado por la mezquita erigida para Alá y a su profeta Mahoma. Por último en el lado suroeste se encontraba el templo en honor al Bahaísmo, en el la cual se podían seguir las enseñanzas de Bahá'u'lláh.